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Los azotes podrían ser más comunes de lo que los padres admiten

Un pequeño estudio 'espió' las interacciones familiares con niños en edad preescolar
(*estas noticias no estarán disponibles después del 07/30/2014)

Traducido del inglés: jueves, 1 de mayo, 2014
Imagen de noticias HealthDay

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MARTES, 29 de abril de 2014 (HealthDay News) -- Solo hay que preguntárselo a cualquier padre de niños en edad preescolar: las primeras horas de la noche pueden ser un momento estresante. Ahora, un nuevo estudio que grabó a las familias poco después de que volvieran a casa del trabajo y la guardería sugiere que los azotes son sorprendentemente comunes.

Entre 33 familias, los investigadores descubrieron 41 incidentes de azotes o golpes a los niños en 15 familias distintas en un periodo de seis noches. Además, los azotes no parecieron resolver los problemas. Tras ser golpeados, los niños volvieron a comportarse mal en unos 10 minutos en alrededor del 75 por ciento de los incidentes.

El estudio fue publicado en línea recientemente en la revista Journal of Family Psychology.

La investigación se diseñó originalmente para estudiar el impacto de los gritos y para evaluar el valor de usar grabadores de audio para realizar investigaciones sobre las familias, señaló el autor líder del estudio, George Holden, profesor de psicología en la Universidad Metodista del Sur en Dallas. Amplió el alcance de la investigación tras estudiar las cintas.

Holden halló que los padres que alzan la voz son más propensos a propinarles azotes a sus hijos. También descubrió que grabar en audio es más preciso que los autorreportes, cuando los padres estiman la frecuencia con que alzan la voz y propinan azotes en sus hogares. "Mostramos que es una forma muy rica de capturar una amplia variedad de información que con frecuencia se ignora", aseguró.

"Los padres golpean a sus hijos por un mal comportamiento trivial, y algunas mamás lo hacen mucho más de lo que los datos autorreportados han identificado nunca", comentó Holden. "Las grabaciones nos ofrecen información en tiempo real, algo que los autorreportes no pueden hacer".

Holden diseñó el estudio para enfocarse en la conducta de principios de la noche porque con frecuencia ha oído a las madres referirse a esa franja horaria como "la hora infernal" o la "hora del suicidio".

"Es un momento muy difícil, al intentar preparar la cena y manejar a los niños, y pensé que era más probable que provocara ira", apuntó Holden. "Todo está en contra de una interacción armoniosa".

Aunque no se ha mostrado una relación causal entre los azotes y los problemas conductuales, el estudio sugiere que golpear a los niños no es una buena forma de enseñarles ni de fomentar unas relaciones entre padres e hijos, señaló Holden.

"No funciona. Encima puede resultar en problemas conductuales como la agresividad, o en ansiedad y depresión", advirtió.

En todo el país, entre el 70 y el 90 por ciento de los padres golpean o propinan bofetadas a sus hijos, lamentó Holden. Pero la mayoría de expertos en psicología infantil no recomiendan los azotes.

Otra experta dijo que la evidencia no respalda a los azotes.

"Según 20 años de investigación sobre el castigo físico, se recomienda que no se use en niños de ninguna edad", apuntó Tracie Afifi, profesora asociada del departamento de ciencias de la salud comunitaria de la Universidad de Manitoba, en Winnipeg, Canadá.

En un estudio publicado en la revista Pediatrics en 2012, Afifi halló que azotar o abofetear a los niños podría aumentar las probabilidades de que contraigan problemas de salud mental en la adultez.

Para el nuevo estudio del equipo de Holden, los participantes fueron reclutados usando volantes distribuidos a madres angloparlantes de niños que tenían entre 2 y 5 años en guarderías y centros de Head Start en Dallas. Solo 35 de las madres que reportaron en una entrevista telefónica de selección que les alzaban la voz de forma iracunda a sus hijos al menos dos veces por semana fueron incluidas en el estudio.

Entre los padres, el 79 por ciento de las mamás trabajaban, ya fuera a tiempo completo (el 61 por ciento) o a medio tiempo (el 18 por ciento), mientras que el 91 por ciento de los papás trabajaban a tiempo completo fuera de casa.

Se suministró a las madres una grabadora digital de voz para que lo usaran en la parte superior del brazo. Se les pidió que encendieran la grabadora cuando volvieran a casa del trabajo o a las 5 p.m., y que la apagaran cuando el niño se durmiera. Se hicieron grabaciones en cuatro a seis días consecutivos.

La tasa de castigos corporales, como los azotes y las bofetadas, superaron los estimados hallados en otros estudios que utilizaron los informes de los padres sobre su conducta. Aunque otros estudios descubrieron que los padres estadounidenses de niños de dos años típicamente reportaban azotar o abofetear a sus hijos 18 veces al año, la investigación de Holden basada en grabaciones de audio descubrió que esa conducta ocurría unas 18 veces por semana.

El estudio también mostró que algunos de los niños eran castigados por hacer cosas extremadamente poco importantes, como pasar las páginas de un libro o chuparse los dedos.

Afifi anotó que el estudio tenía limitaciones. Reclutar a las madres con volantes significa que las participantes no representaban a la población general (porque se seleccionaron a sí mismas), el número de familias que participaron fue pequeño y el periodo de observación solo fue en promedio de unas 13 horas por familia.

¿Qué pueden hacer los padres para disciplinar a sus hijos de forma efectiva? Afifi recomendó que los padres se tomen un "descanso" cuando sientan que la ira va en aumento, y que intenten notar si su respuesta a la mala conducta de su hijo está empeorando la situación. También sugirió que los padres tomen en cuenta la edad y la etapa del desarrollo del niño cuando tomen decisiones sobre la disciplina y la crianza.

Holden se mostró de acuerdo. "No hay una solución mágica, excepto el tiempo, y permitir que la corteza prefrontal [el área del cerebro para el juicio y la toma de decisiones] se desarrolle. Los niños no pueden tener la misma capacidad de autorregulación que los adultos", comentó. "No pueden controlarse a sí mismos. No pueden mantener la calma cuando están fatigados".


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTES: George Holden, Ph.D., professor, psychology, Southern Methodist University, Dallas; Tracie Afifi, Ph.D., associate professor of epidemiology, and of community health sciences and psychiatry, University of Manitoba, Winnipeg, Canada; April 15, 2014, Journal of Family Psychology, online

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Página actualizada 2 mayo 2014