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Un estudio vincula la exposición a los pesticidas durante el embarazo con el riesgo de autismo en los niños

Pero no prueba que los pesticidas provoquen autismo, y no midió directamente la exposición de las mujeres a las sustancias, anota un experto
(*estas noticias no estarán disponibles después del 09/22/2014)

Traducido del inglés: martes, 24 de junio, 2014
Imagen de noticias HealthDay

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LUNES, 23 de junio de 2014 (HealthDay News) -- Las mujeres embarazadas que viven en un radio de una milla (1.6 KM) de espacios en que se emplean pesticidas comerciales parecen estar en un riesgo más alto de tener un niño con autismo, sugiere un estudio reciente.

El riesgo más alto de que un niño contrajera autismo pareció darse entre las mujeres que vivían cerca de granjas, campos de golf y otros espacios públicos que eran tratados con pesticidas durante los tres últimos meses de sus embarazos.

"Muchos de esos compuestos afectan a las neuronas. Cuando afectan a un insecto, básicamente se dirigen a su sistema nervioso y lo incapacitan", señaló la autora del estudio, Irva Hertz-Picciotto, epidemióloga ambiental del Instituto MIND de la Universidad de California, en Davis.

En los adultos, el cerebro está protegido de muchas exposiciones a sustancias químicas gracias a unos filtros especiales que evitan que muchas sustancias crucen la sangre y se dirijan al cerebro.

Hertz-Picciotto comenta que en los niños pequeños, esta barrera hematoencefálica no está formada del todo, lo que podría permitir a los pesticidas alcanzar a las células nerviosas vulnerables justo cuando están realizando conexiones vitales entre sí.

Aunque la asociación entre una posible exposición a los pesticidas y el autismo es interesante, un experto que no participó en la investigación apuntó que tiene una limitante importante.

Dado que el estudio observó el pasado, los investigadores no pudieron recolectar muestras de sangre ni de orina para medir directamente las exposiciones a los pesticidas. Y observaron los riesgos asociados con cuatro clases distintas de sustancias químicas.

"Este estudio no puede precisar las sustancias específicas que son culpables", comentó Philippe Grandjean, profesor adjunto de salud ambiental de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston. "Tampoco pueden relacionar con los niveles específicos de exposición, y no tomaron en cuenta la posible contribución de los residuos en los alimentos", comentó.

Como resultado, señaló, el vínculo reportado en este estudio es débil.

Los resultados del estudio fueron publicados en línea el 23 de junio en la revista Environmental Health Perspectives.

Actualmente, uno de cada 68 niños de EE. UU. tienen un diagnóstico de autismo, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. El autismo es una alteración del desarrollo cerebral normal que por lo general aparece en los tres primeros años de la vida de un niño.

El trastorno no tiene una cura conocida ni una causa certera. Pero algunos estudios han apuntado a los pesticidas como un culpable posible. Los hijos de trabajadores agrícolas, que están expuestos a dosis bajas crónicas de pesticidas antes de nacer y en los primeros años de vida, mientras sus cerebros aún están en desarrollo, tienen un riesgo más alto de problemas del neurodesarrollo, como el autismo, que los niños que no se ven expuestos a esas sustancias.

Para el nuevo estudio, los investigadores reclutaron a casi mil familias con hijos que tenían entre dos y cinco años en el momento del estudio. Unos 486 de esos niños tenían un diagnóstico confirmado de autismo. Otros 168 tenían algún tipo de retraso en el desarrollo, y 316 se desarrollaban según lo esperado.

Se planteó a los padres unas listas extensivas de preguntas sobre el estilo de vida y las exposiciones ambientales, y las madres proveyeron las direcciones donde vivían justo antes y durante de sus embarazos.

Entonces, los investigadores compararon esas direcciones con una base de datos de California sobre las aplicaciones de pesticidas. La base de datos recolecta información sobre el tipo de sustancia que se usa, la cantidad y el momento de la aplicación.

La mayoría de las mujeres del estudio no habían vivido cerca de ninguna aplicación de pesticida durante sus embarazos. Solo alrededor de una tercera parte habían vivido en un radio de una milla del lugar donde se aplicaron las sustancias.

Los investigadores hallaron que los niños con autismo tenían más probabilidades de haber vivido en un radio de una milla de una exposición a un pesticida antes de nacer que los niños que se desarrollaban con normalidad. El riesgo era entre un 60 y alrededor de un 200 por ciento más alto, dependiendo del tipo de sustancias aplicadas, qué tan cerca había estado la familia del área tratada y en qué momento del embarazo se había expuesto la mujer.

En general, la exposición durante el tercer trimestre pareció ser la más arriesgada, y las probabilidades de tener un hijo autista aumentó mientras más cerca vivía la familia de la aplicación del pesticida, lo que sugiere que las dosis subieron mientras más cerca estaban las mujeres de las sustancias.

A pesar de algunas preocupaciones sobre el diseño del estudio, Grandjean afirma que esta investigación, junto con estudios anteriores que pudieron medir la exposición de una forma más directa, provee más respaldo a la idea de que los pesticidas podrían ser un factor contribuyente en la historia del autismo.

Los autores concurrieron en que su estudio representa solo una pequeña pieza del rompecabezas.

"Estas discapacidades del neurodesarrollo no son función de un solo factor", dijo Hertz-Picciotto. "Sospecho que hay varios factores distintos, que tienen que ver con la salud materna, la nutrición materna, además de las sustancias químicas que se usan cerca de cosas y otros factores como la contaminación del aire. Para cualquier mujer dada, se trata de una acumulación de factores", planteó.

Pero según su estudio, dijo que las mujeres embarazadas deben estar conscientes de que algunas sustancias halladas en los pesticidas comerciales, como los piretroides, se venden para su uso cerca del hogar.

Algo incluso peor es que a veces se les etiqueta como productos "totalmente naturales", porque se basan en una sustancia que proviene de los crisantemos. Pero Hertz-Picciotto dijo que no tienen nada de natural.

"Se trata de un producto sintético diseñado para que sea más tóxico que el producto natural que imita", advirtió.

Hertz-Picciotto recomienda que las mujeres embarazadas con problemas de insectos opten por la seguridad con alternativas menos tóxicas, como un polvo llamado tierra de diatomeas, que mata a los insectos al deshidratarlos.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTES: Irva Hertz-Picciotto, Ph.D., professor and chief, division of environmental and occupational health, MIND Institute, University of California, Davis; Philippe Grandjean, M.D., Ph.D., adjunct professor of environmental health, Harvard School of Public Health, Harvard University, Boston, Mass.; June 23, 2014, Environmental Health Perspectives

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Página actualizada 25 junio 2014